miércoles, 27 de octubre de 2010

La sonrisa del ángel


El dolor, la aflicción, la pasión, danzan en tu mirada, ecos de tu reciente aventura. Y aún asi, percibo esa alegria que te es tan propia, en esa sonrisa inocente y divertida, en el brillo picarezco de tus ojos.
¿Cómo podría, incluso con este mortuorio rostro de piedra, evitar sonreir ante tu adorable expresión?
Igual que una cálida brisa de primavera, llenando de alegría mi invernal corazón.

¿Con cuál finalidad? No lo sé... tal vez sea una última caricia antes de volver a mi sepulcro... así eres, una suave caricia, tierna a pesar de la sutil e insignificante distancia.
¿Y qué puede mi alma ofrecerte? ¿Tal vez un espejo donde reflejar tus lágrimas, un estanque de hielo que adormezca tu dolor, por un momento, con su frialdad? ¿Una lápida donde escribir cual epitafio los recuerdos de tu más triste historia? ¿Una fosa donde sepultar los restos de un amor agonizante?

Qué penosa encrucijada me ha atraído hacia ti. Como un ángel del dolor, despertado de su ensueño funerario por tus lamentos, irremediablemente atraído por tu aflicción.

Y ahora te observo, reposando en un lecho de esparcidos lirios blancos. Cuántas heridas que necesitan sanar, cuán desangrado ese corazón inflamado de amor...

Si supieras cuán atesorados serán para mí estos instantes, estos destellos de tiempo a tu lado. Un ángel luminoso, reposando antes de volver a remontar vuelo, jugando con este angel oscuro, que pronto replegará las alas y volverá a su ensueño eterno.

Y cuando al fin tus alas sanen y al cielo le regales otra vez tu vuelo, flotando con la gracia de una dorada hoja de otoño, dejándote llevar alli donde tu corazón inquieto te guíe, miraré el fascinante aleteo del resplandor de tu alma. Y entonces el invierno volverá a anidar en la mía, dejaré dormir una vez más mis capullos primaverales bajo la nieve de mis frías lágrimas. Y mis suaves alas me envolverán, como mortaja en mi gélida cripta.

Los sueños fúnebres me reclaman, me llaman mientras observo tu fascinante expresión de inocencia.

Desde lo profundo del alma me hablan, me incitan a volver a mi indiferente reposo. Esa paz que sólo el lamento de un ángel es capaz de perturbar...

domingo, 17 de octubre de 2010

Reencarnación


Tan antiguos como el Universo mismo. Así somos. Seres que contemplamos el principio de todas las cosas, la historia de la Existencia, en su dolor y alegría. Desde los tiempos originarios habitamos el universo, antes que las dimensiones colapsaran y se multiplicaran, y el Caos Primordial y el Inefable Vacío se mezclaran con la Existencia y dieran lugar al cosmos infinito que es hoy día.
Nuestro hogar está donde siempre estuvo, aunque muy cambiado de lo que era en su origen. El Hogar de las Almas, donde flotan los restos del Mundo Primordial, allí vivimos en la plenitud de nuestros seres.
Pero no siempre estamos allí, aunque tampoco abandonamos nuestro hogar del todo. A veces, nuestras mentes viajan a lo largo del universo, y vemos los mundos que allí se fueron formando a lo largo de los eones. Muchos de esos mundos están habitados de seres que nos son por completo extraños, no tienen relación alguna con nosotros, y no nos incumben. Pero otros están habitados por seres que son caros a nuestros corazones, son mundos que reflejan en mayor o menor medida la historia perdida del Mundo Primordial, un eco de su historia.
Y cuando estamos en el Hogar de las Almas podemos contemplar estos mundos, podemos viajar atravesando los velos dimensionales con nuestros pensamientos y saber lo que ocurre en esos planetas; y cuando es necesario incluso podemos caer en un sueño profundo, parecido a la muerte, que permite a nuestra alma conectarse con alguno de esos mundos y encarnar en el mismo de acuerdo a la forma fisica que éstos permitan.
Entramos así en el ciclo de nacimiento y muerte. Y cuando lo hacemos es siempre con alguna misión. Y al morir, al dejar esas encarnaciones, retornamos a nuestro hogar, despertando del sueño de muerte, abriendo los ojos una vez más a nuestra tierra amada.

Estuve contemplando un mundo ultimamente, uno que sus habitantes llaman simplemente “Tierra”. Algunos seres antiguos, de mi especie y de otras, lo han visitado en más de una ocasión. Es un mundo donde están naciendo muchas almas nuevas. Pero también es un lugar habitado por un gran cantidad de seres sin alma.
Algunos de los míos están allí, habitando ese mundo, camuflados entre los demás, cumpliendo sus misiones mientras tratan de pasar desapercibidos, conscientes en menor o mayor medida de sus propias naturalezas. Y pronto yo también estaré allí. Entraré en el sueño de muerte una vez más, y naceré en ese mundo con una forma mortal. Caerá el olvido sobre mí, como siempre cae sobre las almas que nacen en los mundos. Espero que mi mente mortal pronto descubra la verdadera naturaleza del alma que la anima, y pueda desplegar mi verdadera esencia con rapidez, evitando el Sopor Mundano, que siempre trata de aplastarnos y hacernos olvidar quiénes somos en realidad.
Pero antes de partir contemplaré una vez más mi hogar, porque aunque mi estadía en la Tierra sea apenas un suspiro en la historia de mi existencia, sé que añoraré a cada instante volver aquí, aunque no siempre sea del todo consciente de ello.
Recorreré mis bosques, me despediré de los que amo, y me sentaré a presenciar el atardecer y el anochecer, antes de dejarme cobijar otra vez por la tierra y dejar que me transporte más alla de los umbrales del tiempo y el espacio, atravesando la Puerta que conduce a través de las dimensiones...