jueves, 27 de mayo de 2010

Redención


Me arrastro en este páramo de ruinas, bajo las inalcanzables estrellas...
Deseo ver la luz del unicornio, una estrella que flota al raz de la tierra
Una estrella que no pierde su luz por bajar de los cielos...
Bestia sagrada, añoro la luz redentora de tu cuerno sanador...
Mis pies están demasiado heridos, lastimados por las piedras afiladas de los senderos que he recorrido... mis manos estan llenas de laceraciones, por las espinas que en ellas se incrustaron al tratar de levantarme despues de cada caída...
¿Como haré para alcanzarte, adorado unicornio, si ya no puedo sostenerme ni en mis pies ni mis manos?
Necesito el perdón, necesito la redención, he caído del altar de huesos y calaveras, me he arrancado las cadenas que me aprisionaban... y ahora siento la miseria y la desnudez de mi propia ruina.
El silencio mortal me rodea, pero los susurrantes demonios todavía gritan en mis oídos, tentándome a regresar al infernal vendaval...
No quiero regresar... no quiero esa soledad perpetua, esa vorágine de gritos desgarrados...
Arrojo a un lado la soberbia...
Suplico la redención...

martes, 25 de mayo de 2010

Después de la Noche Oscura


Una tormenta de dolor, un sufrimiento agónico en medio de las tinieblas. Soledad que parece perpetua, como la muerte final de toda esperanza.
Y todo vuelve a calmarse, en un instante angustioso donde los ojos temen todavía abrirse.
Y cuando la propia agitación amaina, cuando los trémulos párpados recuperan el valor, el yermo alrededor parece perderse en la infinita oscuridad, insinuando las sombrías ruinas de la reciente catástrofe del alma.
Y en el cielo, despejado de las nubes de tormento, brillan intensos los resplandores de todo lo preciado y amado, estrellas inalcanzables que orbitan en el firmamento del espíritu.
Sus luces, más intensas que cualquier otro resplandor conocido, dañan todavía más que los vendavales infernales que suelen devastar al alma.

La belleza y el amor son las más refinadas de las torturas...

martes, 18 de mayo de 2010

Bye bye, beautiful


Hoy he cortado otra de las cadenas ensangrentadas con las que pretendía retenerte.
!Qué ingenuo! Aún hoy, después de incontables siglos de existencia, sigo siendo muy ingenuo.
El amor teñido de sufrimiento no tiene sentido. Por eso, el rústico sonido de los eslabones herrumbrados que se rompen es una estridencia armónica para mis oídos.
No pretendo alejarme ni olvidarte, esa sería otra ingenuidad. Simplemente mantener esa distancia que se estableció, esa distancia que ninguno de mis esfuerzos pudo acortar.
Se supone que si uno desea algo desde el corazón, el universo conspira para que ese deseo se realice. Y si no se realiza, es porque no corresponde a la armonía del universo que eso ocurra. Esa concepción es la que sostienen esas personas de rostros risueños, que creen en una existencia teñida de luz y de propósitos de evolución. No siempre concuerdo con ellos, pero esta vez elijo creer lo mismo, por mi salud espiritual.
Tampoco me arrepiento. Si pudiera elegir, volvería a embelesarme con tu fantasía. Esa fantasía que cayó por tierra cuando pude asomarme a tu realidad, una realidad más pura y hermosa que mi tonta y mundana fantasía.
Una realidad más bella que la fantasía, qué extraño suena eso.
De eso me deshago hoy, de otro vínculo con esa fantasía.
No la necesito, no me sirve. No más...
Prefiero recordar tu realidad, saber que estás ahí, albergar en algún recóndito lugar de mi alma la esperanza de poder acercarme a esa realidad, en el momento y lugar adecuados.
En esta o en otra vida, en este o en otro mundo...

sábado, 15 de mayo de 2010

Noche Oscura del Alma

No sabía como empezar este espacio, así que decidí hablar de lo que me ocurre actualmente, el motivo para iniciar este lugar.

La noche oscura del alma... otra más en un largo haber de noches oscuras. He leído acerca del concepto de “noche oscura”, como despertar de la conciencia, transmutación alquimica, etc... pero ninguna de esas definiciones me esclarece tanto su naturaleza como el momento actual, en el que estoy atravesando una de ellas.

La sensación de vacío, el sinsentido de todo... una muerte de la fe para recobrar una nueva al final del recorrido. Un lugar sin espacio ni tiempo, un cúmulo de tinieblas caóticas. Tener el alma contracturada, muerta y encadenada, una catarata de lágrimas que no pueden salir, un grito ahogado en lo profundo del pecho, una angustia que llega al punto de anular incluso al mismo dolor.

"Dolor"... esa es la clave... sentir dolor como antes, sentir un verdadero dolor que me despierte de esta pesadilla de oscuridad inaprehensible.

Un dolor que resucite mi espíritu y me arranque de esta vacuidad para llevarme de nuevo a mi noche de sombras y susurros, mi amada noche de estrellas refulgentes y lunas sempiternas.

Dolor que me devuelva las sensaciones en este momento de anestesia espiritual.

Dolor que me devuelva a mi habitual tristeza, la tristeza dichosa y profunda de este fresco y otoñal crepúsculo que deseo volver a disfrutar.

La noche oscura del alma, cantada por Loreena McKennitt, una vez más en mis oídos. Muchas veces he evitado esta canción por la profunda nostalgia que me inspira, pero hoy necesito oírla. Tal vez me ayude a recuperar mis olvidadas emociones y esa poesía que solía habitar mis pensamientos.