miércoles, 22 de diciembre de 2010

El Negro Paraíso


El suelo se ha derrumbado bajo mis pasos
En la oscuridad estoy caminando ahora
Esta noche las campanas han tañido
Me lamentaré toda la eternidad...

Es ese lugar llamado Cielo
Que me deja a solas en la oscuridad
Es ese Dios quien me ha maldecido
Que me llena de desesperación...

Los monjes de oscuras piedras
Me han condenado por un crimen
Pero podría sufrir el infierno
Para verte otra vez en el cielo...

¿Por qué debo vagar en la oscuridad
Cuando soy un blanco ángel?
Desearía ser incluso un ser humano
y no un ángel condenado...


Traducción libre de "Le Paradis Noir" de Dark Sanctuary

domingo, 19 de diciembre de 2010

Recordando el pasado


Una vez más recorre los espacios más intimos y profundos del ser, el corazón secreto del cual nacen todas las emociones, pensamientos y acciones de su encarnación presente.
Todo es claro allí, simple, perfecto y armonioso, porque en ese lugar su magia obra y gobierna con mayor fluidez, es el espacio que conecta su existencia más antigua y verdadera con las circunstancias de la encarnación presente, que está inmersa en la confusión del mundo en el cual se mueve.
Un lugar lleno de tumbas, un cementerio donde reposan las ilusiones, los sueños, las acciones importantes, donde cada epitafio es un cúmulo de aprendizajes y sabidurias que van creciendo con cada experiencia vivida en esta nueva encarnación.
Con sus pasos fantasmales camina entre las lapidas del camposanto, revestido su ser con una de las verdaderas formas de su alma.
Su palida tez parece irradiar la misma luminosidad de la luna blanca. Sus cabellos negros, muy largos y lacios, se mecen con la brisa nocturna. Sus ojos, de iris pálidos, plateados como estanques congelados, reflejan su habitual melancolía, enmarcando las negras y profundas pupilas, pozos insondables llenos de misterios.
Los labios, sensuales y rojizos, esbozan una tenue sonrisa, reflejo de su carácter tan cínico como inocente. Todo su cuerpo, ataviado en negros ropajes, se mueve con una elegancia etérea y sensual, hipnótica y diáfana, como una letal vampiresa sacada de una novela gótica.
Pero no es en absoluto una vampiresa.
No, ella no es un vampiro, sino un angel caído, un angel que en tiempos inmemoriales se rebeló a su dios, una luminosa entidad vetusta y demente, perdiendo así la gracia celestial. Afortunadamente.
Se detiene y suspira con suavidad, dejando que la musicalidad de su alma emerja de sus labios apenas entreabiertos, permitiendo que el recuerdo de su origen retorne a sus pensamientos. La felicidad inunda su corazón, rememorando el momento en que los dioses rescataron su espíritu mancillado y destrozado, sanándolo con la magia arcana del universo y obsequiándole su nueva existencia, con una libertad y armonía que jamás habia conocido mientras estaba al servicio de aquél dios demente que le había dado existencia sólo para esclavizarla y someterla a una servidumbre incondicional y eterna.
Y aunque es capaz de recordar con claridad todos esos hechos, como si hubieran sido recientes, está tan lejos de aquello, es tan diferente al ser que había sido cuando padecía del enfermizo gozo del Cielo, que no puedo sino reír de felicidad, colmando la silente noche con el melodioso sonido de su risa.
Pero pronto hace silencio, y nota que unas trémulas lágrimas ruedan por su rostro. Siente entonces la necesidad de repasar su historia, la historia de su origen, reflexionando una vez más cada hecho.
Sabe que nadar en el pasado puede darle las respuestas que está buscando para el presente.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Funeral


Fantasma del pasado, tu rostro frío y palido ahora está inerte. Tus labios no pueden volver a sonreir con esa burlona expresión de desprecio.
En procesión, mis sombras acompañan tu cuerpo rigido, amortajado, aprisionado en el féretro desde donde ya no puedes dañar.
Tu existencia discordante irrumpió como una nota aguda en medio de los graves y tenues sonidos de la música de mi alma.
¡Cuánto tiempo habitaste mis rincones más secretos, como un espectro imposible de exorcizar! ¡Cuánto tiempo mancillaste la verdadera imagen del ser que patéticamente tratabas de emular, confundiéndome, haciéndome odiarle y temerle!
Pero tu imagen ya no me engaña, esa belleza muerta y siniestra, porque ahora sé que nada tienes que ver con el hermoso ser que intentabas imitar.
Contemplo la procesión funeraria que te lleva a tu reposo final, los mares de estridencia de los cuales naciste. No siento dolor, ni rencor... no siento nada al mirarte. No se puede sentir nada por aquello que nunca fue real.
El coro funerario no llora tu partida, sino el tiempo que tu presencia encadenó a mi alma.
¿Sepultaré tus restos en el vacío, para que te deshagas para siempre? ¿O te cremaré en las llamas del caos, para que caigas en el olvido eterno?
Caos y vacío... de allí vienes y allí terminarás...
La procesión continúa, llevándote a tu reposo final...
Tu muerte, una ofrenda más, un sacrificio bendito para la anhelada liberación de mi ser...

martes, 7 de diciembre de 2010

Triste presagio


Todos mis perdidos recuerdos están aquí,
Dentro de hogares vacíos, en ocultas lágrimas...

No podría ver otro rostro por tí...
No podría sentir otro amor por tí...

Tantos años dormí dentro de mí,
No pude comprender quién podías ser,
Preciosos fragmentos caen de tus ojos,
Ahora recuerdo ese día, ese triste presagio...

Si tan sólo pudieras entender mis lágrimas,
Mirar en lo profundo de mis ojos y ver todos mis miedos...


Traducción de la canción "Presagio Triste" de All My Faith Lost

domingo, 5 de diciembre de 2010

Fénix


Llamas sagradas, liberadoras de toda miseria.
Como fénix, surgiendo de lo profundo del ser,
un alma purificada de la mortalidad.

Consumidas las ilusiones, hechas cenizas las máscaras.
El cuerpo sutil, descarnado, renaciendo a la eternidad...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Mascarada


Caen una a una las máscaras,
los pensamientos se aclaran,
las tinieblas se disipan,
huyen del prístino resplandor,
de las refulgentes sombras de mi alma.

La bestia arcaica ha despertado,
oye atenta el susurro arcano,
fija sus ojos en los sutiles entramados,
en el misterioso sostén de la realidad...

Una vez más...

Todo ahora se vuelve más claro,
las verdades y también las mentiras.

La soberbia sonríe en su desnudez,
desprovista de su abnegado disfraz...

miércoles, 27 de octubre de 2010

La sonrisa del ángel


El dolor, la aflicción, la pasión, danzan en tu mirada, ecos de tu reciente aventura. Y aún asi, percibo esa alegria que te es tan propia, en esa sonrisa inocente y divertida, en el brillo picarezco de tus ojos.
¿Cómo podría, incluso con este mortuorio rostro de piedra, evitar sonreir ante tu adorable expresión?
Igual que una cálida brisa de primavera, llenando de alegría mi invernal corazón.

¿Con cuál finalidad? No lo sé... tal vez sea una última caricia antes de volver a mi sepulcro... así eres, una suave caricia, tierna a pesar de la sutil e insignificante distancia.
¿Y qué puede mi alma ofrecerte? ¿Tal vez un espejo donde reflejar tus lágrimas, un estanque de hielo que adormezca tu dolor, por un momento, con su frialdad? ¿Una lápida donde escribir cual epitafio los recuerdos de tu más triste historia? ¿Una fosa donde sepultar los restos de un amor agonizante?

Qué penosa encrucijada me ha atraído hacia ti. Como un ángel del dolor, despertado de su ensueño funerario por tus lamentos, irremediablemente atraído por tu aflicción.

Y ahora te observo, reposando en un lecho de esparcidos lirios blancos. Cuántas heridas que necesitan sanar, cuán desangrado ese corazón inflamado de amor...

Si supieras cuán atesorados serán para mí estos instantes, estos destellos de tiempo a tu lado. Un ángel luminoso, reposando antes de volver a remontar vuelo, jugando con este angel oscuro, que pronto replegará las alas y volverá a su ensueño eterno.

Y cuando al fin tus alas sanen y al cielo le regales otra vez tu vuelo, flotando con la gracia de una dorada hoja de otoño, dejándote llevar alli donde tu corazón inquieto te guíe, miraré el fascinante aleteo del resplandor de tu alma. Y entonces el invierno volverá a anidar en la mía, dejaré dormir una vez más mis capullos primaverales bajo la nieve de mis frías lágrimas. Y mis suaves alas me envolverán, como mortaja en mi gélida cripta.

Los sueños fúnebres me reclaman, me llaman mientras observo tu fascinante expresión de inocencia.

Desde lo profundo del alma me hablan, me incitan a volver a mi indiferente reposo. Esa paz que sólo el lamento de un ángel es capaz de perturbar...

domingo, 17 de octubre de 2010

Reencarnación


Tan antiguos como el Universo mismo. Así somos. Seres que contemplamos el principio de todas las cosas, la historia de la Existencia, en su dolor y alegría. Desde los tiempos originarios habitamos el universo, antes que las dimensiones colapsaran y se multiplicaran, y el Caos Primordial y el Inefable Vacío se mezclaran con la Existencia y dieran lugar al cosmos infinito que es hoy día.
Nuestro hogar está donde siempre estuvo, aunque muy cambiado de lo que era en su origen. El Hogar de las Almas, donde flotan los restos del Mundo Primordial, allí vivimos en la plenitud de nuestros seres.
Pero no siempre estamos allí, aunque tampoco abandonamos nuestro hogar del todo. A veces, nuestras mentes viajan a lo largo del universo, y vemos los mundos que allí se fueron formando a lo largo de los eones. Muchos de esos mundos están habitados de seres que nos son por completo extraños, no tienen relación alguna con nosotros, y no nos incumben. Pero otros están habitados por seres que son caros a nuestros corazones, son mundos que reflejan en mayor o menor medida la historia perdida del Mundo Primordial, un eco de su historia.
Y cuando estamos en el Hogar de las Almas podemos contemplar estos mundos, podemos viajar atravesando los velos dimensionales con nuestros pensamientos y saber lo que ocurre en esos planetas; y cuando es necesario incluso podemos caer en un sueño profundo, parecido a la muerte, que permite a nuestra alma conectarse con alguno de esos mundos y encarnar en el mismo de acuerdo a la forma fisica que éstos permitan.
Entramos así en el ciclo de nacimiento y muerte. Y cuando lo hacemos es siempre con alguna misión. Y al morir, al dejar esas encarnaciones, retornamos a nuestro hogar, despertando del sueño de muerte, abriendo los ojos una vez más a nuestra tierra amada.

Estuve contemplando un mundo ultimamente, uno que sus habitantes llaman simplemente “Tierra”. Algunos seres antiguos, de mi especie y de otras, lo han visitado en más de una ocasión. Es un mundo donde están naciendo muchas almas nuevas. Pero también es un lugar habitado por un gran cantidad de seres sin alma.
Algunos de los míos están allí, habitando ese mundo, camuflados entre los demás, cumpliendo sus misiones mientras tratan de pasar desapercibidos, conscientes en menor o mayor medida de sus propias naturalezas. Y pronto yo también estaré allí. Entraré en el sueño de muerte una vez más, y naceré en ese mundo con una forma mortal. Caerá el olvido sobre mí, como siempre cae sobre las almas que nacen en los mundos. Espero que mi mente mortal pronto descubra la verdadera naturaleza del alma que la anima, y pueda desplegar mi verdadera esencia con rapidez, evitando el Sopor Mundano, que siempre trata de aplastarnos y hacernos olvidar quiénes somos en realidad.
Pero antes de partir contemplaré una vez más mi hogar, porque aunque mi estadía en la Tierra sea apenas un suspiro en la historia de mi existencia, sé que añoraré a cada instante volver aquí, aunque no siempre sea del todo consciente de ello.
Recorreré mis bosques, me despediré de los que amo, y me sentaré a presenciar el atardecer y el anochecer, antes de dejarme cobijar otra vez por la tierra y dejar que me transporte más alla de los umbrales del tiempo y el espacio, atravesando la Puerta que conduce a través de las dimensiones...

domingo, 26 de septiembre de 2010

Libérate

Dejando atrás la tristeza,
Abandonando tanta locura
Recuperando el valor y la guía,
Recobrando tu fuerza interior
Mereces amor y cuidado,
Poder dar, recibir y compartir
Liberarte del peso de esa cruz...

Toda mi vida he estado ocultándome
deseando que hubiera alguien como tú
ahora que estás aquí, ahora que te encontré
tengo una razón para seguir adelante...

Basado en la canción "Deliver me" de Sarah Brightman

martes, 21 de septiembre de 2010

Primavera



Con renovado vigor, los espíritus cantan la llegada del equinoccio vernal.
La corriente vital, palpitando con su verde y luminoso resplandor, comienza a colmar la naturaleza entera.
Es el milagro de Perséfone, que ha resguardado en el Averno los efluvios funerarios durante el invierno, un cúmulo de magia a la espera del nuevo ciclo de muerte y renacimiento.
Una vez más, su rostro de alabastro emerge a la superficie. Su piel pálida se ve sonrosada al sol del alba, su semblante mortuorio adquiere vida, y su sonrisa hace a los capullos florecer.
Las aves cantan al compas de su dulce voz, su mirada gélida se ha vuelto cálida para devolver movilidad a las congeladas fuentes.
Toda la tierra celebra su llegada.
Reina de los Muertos, Señora de la Vida...

martes, 14 de septiembre de 2010

Satyroi

Al abrigo de la noche, tu musica me atrae...
el canto de pasión que nace de tu amplio pecho
embrigado estás de amor, bailando en el bosque
tus pies resuenan sobre el suelo bañado de hojas
tus muslos fuertes sostienen tu danza de cortejo
el hechizo irresistible con el que me reclamas

Vestido sólo por el resplandor de las lunas
mostrando al cielo de la noche tu hermosa desnudez
la robustez de tu cuerpo, la fortaleza de tus miembros
bello como una deidad bajada del Olimpo
digno hijo de dioses, con alma de ángel rebelde
salvaje y sublime eres, como todas las bestias

Un sátiro de Arcadia, hechizando a su ninfa
las flores dormidas despiertan en esta medianoche
para deleitarse con tu hermosura y tu conjuro
Anhelo con ansias sumergirme en tu lujuria
entregarme sin miedos a tu vigoroso abrazo

Inminente es nuestro encuentro añorado
para honrarte con mi cuerpo y mi alma
Mientras me susurras tus deseos, tu gimiente pasión
para que tu sensual virilidad explore los secretos de mi ser
Y me inundes con el fértil nectar de tu amor...

domingo, 5 de septiembre de 2010

Anhelo eterno

Abrazando la noche, busco tu recuerdo. Pero tan solo la desolacion viene a mi, como jirones de dolidas remembranzas.

¿No hay amor ni alegría en este pasado? ¿Tan sólo el silencioso manto de espinas de la indiferencia?
Como siempre, en mi castigo eterno, te contemplo, regocijándote en tu dolor y alegría, detrás de un velo insulso e irónicamente infranqueable.
Un ángel caído, un angel de plateadas alas que conoce el sabor agrio del desdén. Este amor añorante, amargo e ingrato, es tan distinto y a su vez tan horrendo como al amor inerte de la Gracia de los Cielos.

Las lágrimas nacen desde mi alma, desde un pozo de luz, rodeado de mares de oscuridad.
Como cascadas de aflicción, fluyendo infinitas desde los abismos insondables de mi espiritu.

¡Mira! Son las lágrimas de los ángeles...
Cayendo desde mis ojos...

sábado, 4 de septiembre de 2010

Gélidas lágrimas

Extraviado, en esta noche intemporal...
Me pregunto si esta es la paz que anhelaba.
La frialdad de mi corazón es la que me abriga,
Ahora late sin añorar ese amor...

Llena mi alma está de frías lágrimas,
Haciendo homenaje a su imperecedero nombre.
Un estanque ellas han formado
Un lugar donde he limpiado mi aflicción...

Sin dolor, sin lamentos...
Sin amor, sin odio...

Tu santuario vetusto encuentro
Invadido de madreselvas
Un templo a tu amor resignado.
Tu imagen, como un dios pagano
inerte se yergue en su interior.

En las paredes resuenan ecos
recuerdos de mis pasadas letanías,
esos cánticos con los que te adoraba.
Tu sien altiva, de gélido alabastro,
rodeada aún de restos de las flores,
con las que mi devoción te coronaba...

Pétalos marchitos sobre el suelo,
que de una vez pondré a resecar,
entre las páginas de esta historia,
que lentamente esta siendo olvidada...

jueves, 5 de agosto de 2010

Desnudez


Frío, cubierto de helado rocio, un capullo destinado a no florecer.
Su belleza sempiterna ha sido mancillada por el cruel sol de primavera.
La nieve se derrite sin remedio, la nieve que le protegía
y el retoño brilla mientras despierta, cobrando vida no sin dolor.

El negro lirio ahora iluminado, abriendo sus aletargados petalos
Su sueño milenario ha terminado, su invierno amado le abandona.
Y su corazón de plateada luminosidad vuelve a brillar
desnudándose sin remedio ante el cielo luminoso.

Refulgente, el lirio humillado por la tortura de la nueva vida
Trémulo, desnudo y temeroso, clamando que vuelva el invierno
la frialdad eterna de las nieves, el encierro de su capullo
y el sueño de muerte que le protegía de esta agonía cruel...

Esta cruel y hórrida agonía llamada "amor"...

jueves, 22 de julio de 2010

Dilema

Otra encrucijada. Las voces hablan a mi alrededor... ¿o son voces en mi interior?
¿Cuál de ellas dice la verdad? ¿Cuál me indica el camino más sensato?
El gran dilema de toda mi eternidad. Las emociones son mi instrumento, pero los sentimientos son una tortura. ¿Qué debo hacer? Era más facil cuando tan sólo obedecía, cuando todo se me prohibía. Ha pasado una eternidad, y sin embargo esa vieja maldición sigue vigente en mi ser. Quizás sea yo quien la mantiene así, o tal vez es algo de lo que no podré escapar jamás... el precio de mi perfidia, el costo de mi libertad, como una cicatriz hecha al romper los grilletes que me aprisionaban.
Algunas voces me instan a seguir adelante, voces dulces que parecen querer arrastrarme a un abismo sin fondo. Como el canto de las sirenas, una trampa cada vez más refinada.
Otras voces tratan de retenerme, tratan de convencerme que tengo que retroceder... me dicen que nada tengo yo que hacer allí, ese no es mi camino, estoy perdiendo el tiempo. Voces duras y metálicas. Metálicas como cadenas.
Y el tiempo, la cuestión del tiempo. Nunca sobra en estos mundos efímeros.
¿Debo escuchar la voz de mi espíritu? Hoy ha dicho algo que me resultó bastante insulso: “Las cosas no cambian, se transforman.”
¿Qué quizo decir con eso? Un juego de palabras que no tiene gran sentido para mí. Discurso brumoso, quizás. He tenido suficiente ya de esa clase de discurso de parte de otros como para ahora tener que soportarlo desde adentro.
Soy un Observador. Un simple observador.
¿Estoy tratando de ir contra mi naturaleza? ¿Estoy tratando otra vez de romper reglas, esta vez las reglas que sostienen el mismo proposito de mi existencia? ¿No tengo límites en mi constante transgresión existencial?
Me horrorizo de mi propio ser al pensar esto.
Mi mente quiere escapar, dejar todo atrás. Mi mente es funcional, no pierde el tiempo. Para mi mente, seguir adelante es desperdiciar energía en una actividad inútil. Es desperdiciarme en lo que no vale la pena. Pero mi corazón desea continuar, no teme al abismo, no teme al salto de fe. Mi corazón no comprende las razones de mi mente, mi corazón ama cada vez más lo que mi mente desprecia de forma creciente.
Esta encrucijada esta separando mi mente y mi corazón. La unica certeza que tengo es que esa separación no es buena, mi ser no tiene que disgregarse y caminar senderos opuestos.
¿Qué debo hacer?
No... esa no es la pregunta adecuada, no tengo que pensar en deberes...
Es mejor preguntarme qué puedo hacer...
El dilema continúa, el tiempo pasa y no sé qué hacer.
Y la verdad es que ahora todo esto empieza a importarme...

martes, 29 de junio de 2010

La Noche Oscura del Ángel


Soy un ser antiguo, casi tanto como la creación misma. Transito por el universo, ahora encarnado en un cuerpo mortal, con el cual desempeño la tarea que he elegido realizar en la existencia. He destruido por piedad la mente enferma de mi última encarnación, y ahora mi conciencia espiritual es libre, tanto para habitar el mundo material, como para vagar entre las dimensiones con una libertad que mi anterior ego mortal no poseía. Y en este estado de ensueño existencial, puedo viajar y contemplar cosas que antes apenas podía intuir vagamente, porque estaba cegado por las concepciones erróneas de una humanidad que ya no tengo.
En este mundo me muevo materialmente entre los mortales, almas humanas de distintas edades existenciales. Despiertas en mayor o menor medida, giran en las interminables espirales de sus evoluciones individuales y colectivas. Y ahora que mi conciencia está libre de las ataduras humanas, también percibo otras cosas en medio de esa cotidianidad: armonías y destellos de inconmensurable belleza, y también aullidos demenciales y horrores que habitan en cada rincón. Ambas cosas, por desgracia, ignoradas por la mayoría de los mortales.

Hoy, en medio de este duermevela de mi conciencia, visito una vez más el sendero de la Noche Oscura del Alma. Otra vez camino por este espacio de puro vacío atemporal. Sin embargo, esta vez no es por mi propia causa. No, esta vez soy un simple observador, llamado a contemplar el horror y la agonía de otro ser.
Como si quisiera engañarme a mi mismo, me pregunto de qué clase de criatura se trata, qué clase de ser es el que está encerrado y torturado por los laberintos de tinieblas de su propia Noche Oscura. Pero es mejor que no me engañe con esos insulsos interrogantes, es mejor acelerar esa cuestión. No suelo llevarme bien con mi propia especie, pero evidentemente tampoco puedo ignorar su dolor.
Alguna vez creí que amar a los de mi especie por encima de cualquier otra cosa era el mayor de mis pecados. Pero ya no creo en los pecados, y ahora considero que ese amor incontenible es mi mayor virtud.
Me detengo un instante en este vacío, observo la Nada, donde transitan las entidades sin mente que pululan por el universo, inconscientes de su propia no-existencia, excepto para abalanzarse raudas sobre cualquier destello de armonía al que puedan atrapar y devorar. Hasta creería que esas entidades buscan adquirir existencia mediante esta voracidad ilimitada a la que fueron condenadas por su antinatural concepción. No es extraño que estén siempre cerca de los que purgan su dolor en la Noche Oscura, no hay mayor fuente de alimento que un alma que deja a su propio resplandor expuesto de esa forma. Estas aberraciones hoy no pueden atacarme, ni siquiera pueden notar mi presencia. Estoy a salvo de ellas, al menos en este momento, porque están atentas al ser al que he venido a buscar, el ser agonizante que llora el dolor de su alma.
No puedo verlo, tan solo percibo su presencia en alguna parte de este lugar sin espacios definidos. Siento su dolor como un gélido puñal en mi propia alma ¿Cómo podría ignorar sus lamentos, aún cuando quisiera hacerlo?
Es un ser tan antiguo como yo, compartimos una misma naturaleza, aunque, a mi pesar, muchas circunstancia nos han hecho totalmente ajenos, como suele ocurrir entre los de mi especie. Muchos nos han llamado ángeles, y es una concepción que se acerca bastante a lo que somos realmente. Otros también nos han tildado de demonios, pero esa es una historia que no tiene relevancia en este momento.
Me pregunto cuál es la causa de su dolor, el nudo de su aflicción. Y la letanía de su alma no tarda en llegar mí, y por el tinte de su llanto comienzo a pensar que ha sido la soberbia su victimaria, ofreciéndole sus dulces y venenosos frutos.
¡Qué fácil que le resulta a mi especie dejarse tentar por ella! Yo he caído muchas veces por esa causa, incluyendo mi última y reciente caída. Pero la mascara con la que se disfrazó mi tentación parece ser muy distinta a la que usó para seducir a mi congénere.
Intento rastrearlo, y lo percibo arrastrándose en su Valle de Lágrimas, cargando con un peso inconmensurable. Un peso que trata de convencerse que puede soportar: el peso del mundo mismo. ¿Ha olvidado que cuando tratas de cargar con el peso del mundo tan sólo estás cargando con el peso de tu propia arrogancia? Temo que sus alas sucumban y se quiebren bajo esa carga. Temo que sus alas ya estén rotas.
¡Cuánto amor y armonía ha derramado en el entramado del mundo! ¡Cuánto ha resplandecido entre los mortales, llenando de sabiduría y bellos sueños sus adormecidas mentes! Estoy fascinado por la belleza de sus obras, no esperaba menos de tan adorable y hermoso espíritu.
Pero los seres humanos suelen volverse insaciables. Soy un Observador, y no puedo dejar de notar cuanto se parecen a las entidades sin mente que fagocitan armonia. Porque cuando los humanos encuentran algo que les alimenta el espíritu, devoran insaciables hasta agotar la fuente. Se aferran como un náufrago a un madero flotante en medio del mar.
Así erigen idolos, salvadores que les dan aquello que no pueden o no saben como generar de sí mismos ¿Y qué es lo que dan a cambio? Las palabras bellas de sincero agradecimiento son poco frecuentes, la mayoría sólo da simples lisonjas, palabras huecas que tiene por intención no perder aquello que tanto ansían, y a veces, incluso, convencerse a sí mismos de la veracidad de lo que están diciendo. Pero esas palabras, cuando están vacías, solo sirven para alimentar una cosa: la arrogancia de quien las recibe.
Y el salvador, embriagado en su arrogancia, crea lazos endebles con los mortales, porque se hace adicto a sus alabanzas. Las relaciones entonces se vuelven asimetricas: un maestro que otorga sus conocimientos a unos niños hambrientos de su sabiduria, unos niños que muchas veces sólo reciben condescendencia y falsa humildad.
La sabiduría asi se corrompe, los energía se estanca y se vuelve toxica en esos vínculos. Como Observador, he visto eso muchas veces. He visto salvadores que actúan sobre sus pupilos, decidiendo por ellos, bajo la premisa de que obran “por su bien”, por el bien de esos ignorantes a los que ayuda a despertar y evolucionar.
¿Creerán que no hay fracasos en sus actos, sino tan sólo la imposibilidad de esos desgraciados de ver el bien que les han hecho, incluso causándoles dolor?
¡Ah, pero el dulce fruto de la soberbia, como hiel en las entrañas se vuelve, llenando de amargura a quienes lo prueban!
¿Serán los efectos de ese veneno los que hacen gemir a esta criatura en su Noche Oscura? ¿Será por la aflicción causada por el largo tiempo realizando tan ingrata tarea? ¿Será que ha recibido muy poco del sincero agradecimiento que llena de verdad el alma? ¿O la causa de su dolor es que no ha logrado convecerse a sí mismo que no esperaba nada a cambio de su bondad, a pesar de repetírselo miles de veces hasta el hartazgo?
No voy a mentir y decir que me apeno por los mortales. Nunca he sentido mucho amor por los humanos, y eso no ha cambiado a lo largo de los evos. Ese no es mi camino, no es lo que elegí como destino. Soy un Observador, no un Maestro. Mi pena es por los gemidos de esta afligida criatura, por el lamento que aúlla desde el fondo de su alma. Un dolor que incluso puede estar siendo ignorado por su propia mente mortal. Un dolor causado por el destino que su amor le ha hecho elegir.
¿Qué otra cosa más que el amor por los humanos podría llevar a un ser a cometer semejantes actos? Sí, el amor les hace elegir un destino entre ellos, caminando entre mortales como si fueran uno más de su especie, tratando de abrirles las mentes y los corazones a las verdades del universo, como un pastor que conduce un rebaño en un lento peregrinaje hacia el despertar del espíritu.
Qué difícil y loable misión. Misión que yo jamás elegiría ni aceptaría. Misión que entiendo por mis incontables milenios observando el devenir de la historia universal, pero que jamás podría comprender ni sentir como propia. Una misión en verdad admirable, pero llena de riesgos y escollos para los seres que dejan a sus corazones conmoverse por la belleza de los mortales, para los que aman de verdad a esos frágiles resplandores que nacen a la existencia, esas almas que buscan ocupar su lugar en el luminoso entramado de la vida y los ciclos espirituales.
Lamentablemente, los seres que eligen este destino son presa fácil de la siempre atenta soberbia, que se disfraza de abnegación para seducirlos, haciéndolos creer en el total desinterés de sus actos, obligándoles a actuar con entereza inconmovible ante las adversidades y las ingratitudes. Se revuelven en contra de sus deseos, como si las satisfacciones constituyeran una afrenta a su misión.
Y se transforman en seres gruñones enaltecidos en su beatitud, se llenan de ínfulas de dioses autoproclamados, como si fuera unos seres superiores capaces de poner orden en el caos generado por los débiles mortales. No admiten su propia vulnerabilidad, su propio dolor, sus propios deseos frustrados, enmascarándolos bajo la sacra idea de una misión que les trasciende, como un destino inapelable al que están atados sin otra elección posible. Pero los falsos dioses siempre caen, tarde o temprano.
Y lamentablemente no hay nada más terco que un ángel herido, que está rumiando las implicancias de sus sueños rotos.
Sin embargo, ni siquiera las Noches Oscuras son eternas, ni el Vacío es capaz de apagar los hermosos resplandores de las almas. Y la llama primordial que vibra imperecedera en cada espíritu, ese deseo que se aferra eternamente a la armonía, siempre prevalece. Tarde o temprano la Noche Oscura termina, y el alma vuelve a resplandecer, las alas desgarradas sanan, y el ángel puede volver a desplegarlas prístinas y exultantes, como si fueran nuevas otra vez.
¡Cómo desearía poder desgarrar los velos de esta vacuidad, alcanzar a este ser gimiente en su valle de dolor, y ahuyentar a las aberraciones que tratan de cebarse en su resplandor! ¡Cómo desearía cobijarle entre mis plateadas alas, estrecharle en mis brazos y susurrarle al oído que ya no tiene nada que temer, que está a salvo en mi regazo! Cómo desearia poder limpiar toda su aflicción con la luminosidad de mis lágrimas...
Pero la realidad es que nada puedo hacer yo por esta criatura. Soy un simple Observador. Y la Noche Oscura es una experiencia que le pertenece sólo a quien la atraviesa. No hay forma que puede alcanzarle y tampoco soy tan arrogante para creer que tengo el poder de darle alguna clase de alivio a su padecimiento.
Y en el mundo mortal, donde las palabras y los actos tienen más poder porque no se pierden en el vacío de estas tinieblas, estas almas crean unos laberintos a su alrededor que sólo a unos pocos dejan atravesar, y levantan unos muros inexpugnables que difícilmente alguien puede derribar. Se vuelven frecuentemente inalcanzables, a pesar de que muchas veces parecen abiertos al mundo de los mortales. Yo mismo he usado esas artimañas para ocultar mi presencia más de una vez, y las identifico con facilidad cuando me encuentro con alguno de estos seres que tratan de ocultar sus verdaderas naturalezas.
¿Por qué hacemos eso? ¿Por qué nos ocultamos, incluso de nosotros mismos? ¿Para no interferirnos en nuestras misiones? ¿Quién ha dicho que debemos hacerlas en soledad y alejados? ¿Es una regla universal?
No he llegado a esta instancia de la existencia siguiendo reglas y no veo el motivo para cambiar eso. Pero es mejor dejar de lado, por el momento, esas cuestiones, ya no tengo nada que hacer aquí.
¿Son lágrimas las que brotan de mis ojos mientras me alejo, son mis frías lágrimas? Siento que es la primera vez que las veo, pero sé que no es asi. Los vestíbulos de las dimensiones se deshacen mientras vuelvo al mundo mortal...

… donde durante algún tiempo puedo fingir que el eco de ese lamento que he dejado atrás no es más que el resultado de mis interminables ensoñaciones y fantasías.
Una media verdad que me sirve para calmar esta mente que nunca descansa, aunque sea durante unos inquietos y fugaces instantes.

sábado, 26 de junio de 2010

Compañia inesperada


El perdón nunca llegó. Ninguna señal, ninguna epifanía. Y cuando me atrevi a elevar mis ojos, tan solo pude ver la ornamentada boveda de la nave de la catedral.
Esperé, pero nada ocurrió, y entonces dejé de llorar, y decidi salir otra vez al mundo, ese mundo que había dejado con el corazón lleno de aflicción. Pero esta vez, al contemplar otra vez la vida de allí afuera, mi espiritu descarnado pudo observar todo sin los sesgos de la mortalidad.
El tiempo parecía haberse detenido. Todas las personas estaban inmoviles, pero en poses que parecían indicar que hasta ese momento habían estado en movimiento. Pero comprendí que no estaban quietos en absoluto, sino que mi alma estaba moviendose a una velocidad diferente a todo lo que me rodeaba, dentro del mundo y a la vez fuera de él, en una dimension distinta, como si observara todo a traves de un cristal.
Observé con detenimieto todo lo que rodeaba, cada arbol, cada nube, la hierba que crecía en las plazas de la ciudad. Luego observé a las personas, inmoviles en apariencia, con las llamas de sus almas vibrando trémulas dentro de cada uno de ellos. Llamas de diferentes tonos, ninguna igual a otra.
Al observar esas almas, sus resplandores, recordé mi ultima encarnación: él podía percibir las auras, podía sentir el resplandor de las almas. Mejor dicho, estaba obligado a percibirlas, como si uno de mis dones se hubiera traspuesto sin filtros a sus capacidades extrasensoriales. Era mi bendición, pero con el tiempo se transformó en su maldición. Y el impacto de sentir esas energias, el hecho de tener esas percepciones, con el tiempo se volvió nocivo.
Y mientras recordaba eso con una cierta tristeza, como una emoción flotante que no terminaba de condensarse en mi corazón, algo llamó mi atención, me sentí observado, y de inmediato busqué la fuente de esa extraña sensación.
No tardé mucho en encontrarlo, allí estaba, con sus ojos dorados, mirándome, desde lo alto de la rama de un arbol, semioculto entre las verdes e inmoviles hojas.
Un gato de lustroso y negro pelaje, inmovil por su propia voluntad y no por el extraño efecto interdimensional. Me acerqué a él, preguntándome si en verdad estaba viéndome, y el motivo por el cual la inmovilidad del resto del mundo no le afectaba.
Maulló suavemente, y de inmediato comprendí su mensaje: - Sí, puedo verte... y antes que lo preguntes, la inmovilidad del resto del mundo no me afecta porque mi especie se mueve entre las dimensiones. Somos guardianes de los Portales.
Esa criatura podía leer mis pensamientos, y en mi estado, libre de la mortalidad, eso me resultó de lo más natural. La llama oscura con la que brillaba su ser me subyugó por completo, y el deseo de que me acompañara en el recorrido que estaba a punto de comenzar creció de inmediato.
Demás está decir que no hicieron falta palabras para que mi anhelo fuera correspondido por la elegante criatura, que de inmediato saltó de la rama, se sentó en el suelo a mi lado, y comenzó a acicalarse con la tipica indiferencia de su raza.

miércoles, 16 de junio de 2010

Buscando el perdón


Estos pasillos de mi catedral, tan silentes, tan sosegados. Cuántas veces deseé volver aquí, a la tenue luminosidad de mi templo, donde nada puede perturbarme. Mis lágrimas ahora me dan paz, ya no son lágrimas de sufrimiento, porque la confusión que me causaba el sufrimiento ha caido.
¡Dioses piadosos, no deseo volver nunca más al mundo a experimentar la confusión de la mortalidad!
Quisiera que se derramaran sobre mi ser las benditas aguas del perdón, y retornar a la eterna beatitud de los Cielos, el Paraíso que he perdido por mi soberbia y mi desprecio por la humanidad.
Qué fácil resultaba juzgar las acciones de los seres humanos desde lo alto, observando con impaciencia cada uno de sus errores, pensando que yo podía actuar acertadamente en todo aquello donde ellos se equivocaban. Qué soberbia la mía la de creer que eran seres inútiles y débiles, culpables de todos los males.
Esa soberbia me llevó a encarnar en un cuerpo mortal y caminar entre ellos como uno más de su especie, con la seguridad de que mis pasos serían mas firmes, que no caería en los mismos errores y miserias que ellos.
¡Qué equivocado que estaba!
No sólo cometí los mismos errores, sino que no tuve la fortaleza para sostenerme en el mundo y caí por mi propia ignorancia y cobardía.
Fracasé, y morí en el intento de ser un mejor ser humano que todos los que me rodeaban. Incluso podría decir que fuí peor que todos ellos.
Y ahora regreso, humillado por el fracaso de mis sueños, con las alas rotas, desgarradas. De rodillas sobre el altar, suplicando en silencio el perdón.
Los pecados de los ángeles son siempre más graves, porque pecan con la plenitud de sus conciencias.
Aún no sé si merezco ser perdonado.
Aún no me atrevo a volver a elevar la mirada al Cielo...

jueves, 27 de mayo de 2010

Redención


Me arrastro en este páramo de ruinas, bajo las inalcanzables estrellas...
Deseo ver la luz del unicornio, una estrella que flota al raz de la tierra
Una estrella que no pierde su luz por bajar de los cielos...
Bestia sagrada, añoro la luz redentora de tu cuerno sanador...
Mis pies están demasiado heridos, lastimados por las piedras afiladas de los senderos que he recorrido... mis manos estan llenas de laceraciones, por las espinas que en ellas se incrustaron al tratar de levantarme despues de cada caída...
¿Como haré para alcanzarte, adorado unicornio, si ya no puedo sostenerme ni en mis pies ni mis manos?
Necesito el perdón, necesito la redención, he caído del altar de huesos y calaveras, me he arrancado las cadenas que me aprisionaban... y ahora siento la miseria y la desnudez de mi propia ruina.
El silencio mortal me rodea, pero los susurrantes demonios todavía gritan en mis oídos, tentándome a regresar al infernal vendaval...
No quiero regresar... no quiero esa soledad perpetua, esa vorágine de gritos desgarrados...
Arrojo a un lado la soberbia...
Suplico la redención...

martes, 25 de mayo de 2010

Después de la Noche Oscura


Una tormenta de dolor, un sufrimiento agónico en medio de las tinieblas. Soledad que parece perpetua, como la muerte final de toda esperanza.
Y todo vuelve a calmarse, en un instante angustioso donde los ojos temen todavía abrirse.
Y cuando la propia agitación amaina, cuando los trémulos párpados recuperan el valor, el yermo alrededor parece perderse en la infinita oscuridad, insinuando las sombrías ruinas de la reciente catástrofe del alma.
Y en el cielo, despejado de las nubes de tormento, brillan intensos los resplandores de todo lo preciado y amado, estrellas inalcanzables que orbitan en el firmamento del espíritu.
Sus luces, más intensas que cualquier otro resplandor conocido, dañan todavía más que los vendavales infernales que suelen devastar al alma.

La belleza y el amor son las más refinadas de las torturas...

martes, 18 de mayo de 2010

Bye bye, beautiful


Hoy he cortado otra de las cadenas ensangrentadas con las que pretendía retenerte.
!Qué ingenuo! Aún hoy, después de incontables siglos de existencia, sigo siendo muy ingenuo.
El amor teñido de sufrimiento no tiene sentido. Por eso, el rústico sonido de los eslabones herrumbrados que se rompen es una estridencia armónica para mis oídos.
No pretendo alejarme ni olvidarte, esa sería otra ingenuidad. Simplemente mantener esa distancia que se estableció, esa distancia que ninguno de mis esfuerzos pudo acortar.
Se supone que si uno desea algo desde el corazón, el universo conspira para que ese deseo se realice. Y si no se realiza, es porque no corresponde a la armonía del universo que eso ocurra. Esa concepción es la que sostienen esas personas de rostros risueños, que creen en una existencia teñida de luz y de propósitos de evolución. No siempre concuerdo con ellos, pero esta vez elijo creer lo mismo, por mi salud espiritual.
Tampoco me arrepiento. Si pudiera elegir, volvería a embelesarme con tu fantasía. Esa fantasía que cayó por tierra cuando pude asomarme a tu realidad, una realidad más pura y hermosa que mi tonta y mundana fantasía.
Una realidad más bella que la fantasía, qué extraño suena eso.
De eso me deshago hoy, de otro vínculo con esa fantasía.
No la necesito, no me sirve. No más...
Prefiero recordar tu realidad, saber que estás ahí, albergar en algún recóndito lugar de mi alma la esperanza de poder acercarme a esa realidad, en el momento y lugar adecuados.
En esta o en otra vida, en este o en otro mundo...

sábado, 15 de mayo de 2010

Noche Oscura del Alma

No sabía como empezar este espacio, así que decidí hablar de lo que me ocurre actualmente, el motivo para iniciar este lugar.

La noche oscura del alma... otra más en un largo haber de noches oscuras. He leído acerca del concepto de “noche oscura”, como despertar de la conciencia, transmutación alquimica, etc... pero ninguna de esas definiciones me esclarece tanto su naturaleza como el momento actual, en el que estoy atravesando una de ellas.

La sensación de vacío, el sinsentido de todo... una muerte de la fe para recobrar una nueva al final del recorrido. Un lugar sin espacio ni tiempo, un cúmulo de tinieblas caóticas. Tener el alma contracturada, muerta y encadenada, una catarata de lágrimas que no pueden salir, un grito ahogado en lo profundo del pecho, una angustia que llega al punto de anular incluso al mismo dolor.

"Dolor"... esa es la clave... sentir dolor como antes, sentir un verdadero dolor que me despierte de esta pesadilla de oscuridad inaprehensible.

Un dolor que resucite mi espíritu y me arranque de esta vacuidad para llevarme de nuevo a mi noche de sombras y susurros, mi amada noche de estrellas refulgentes y lunas sempiternas.

Dolor que me devuelva las sensaciones en este momento de anestesia espiritual.

Dolor que me devuelva a mi habitual tristeza, la tristeza dichosa y profunda de este fresco y otoñal crepúsculo que deseo volver a disfrutar.

La noche oscura del alma, cantada por Loreena McKennitt, una vez más en mis oídos. Muchas veces he evitado esta canción por la profunda nostalgia que me inspira, pero hoy necesito oírla. Tal vez me ayude a recuperar mis olvidadas emociones y esa poesía que solía habitar mis pensamientos.